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Navegando una crisis con éxito: ¿Cómo logré que no destruyera mi bolsillo?

Definitivamente, las circunstancias actuales nos han traído cosas positivas como cambiar de rutina, y con esto, dejar el piloto automático que venia operando una porción no despreciable de nuestras vidas. Entre esto, nos dio la posibilidad de sacar espacio para compartir con familiares y amigos que no veíamos hace un buen rato, a causa de la falta de tiempo.

Justamente, por estos días tuve la oportunidad de participar en la celebración virtual del cumpleaños de un amigo cercano, que resultó más divertida, agradable y placentera que cualquier celebración de cuerpo presente.

En dicha celebración virtual, luego de compartir muchas experiencias divertidas sobre el trabajo en casa, la sincronización con el colegio virtual, el ejercicio, el insomnio, las largas horas de limpieza y arreglo del hogar, la interminable lavada de platos, la amplia gama de recetas de cocina que muchos han ensayado y uno que otro dote culinario que ha despertado de repente; alguien se atrevió a entrar a un terreno pantanoso.

Entre risas, lanzó una pregunta que hizo a los invitados enmudecer instantáneamente: ¿Y el fondo de imprevistos les ha alcanzado hasta ahora?

Luego de varios segundos de un profundo silencio, un valiente emitió su primer comentario: “La verdad, yo no tengo fondo de imprevistos; no era consciente de la importancia de crearlo y ahora me arrepiento de no haberlo hecho”.

Seguido de esto, vino otro apunte interesante de alguien en la sala: “Yo he tenido que tomar parte del dinero que estaba ahorrando para la educación de mis hijos porque las ventas en la empresa han estado por debajo de lo esperado y he tenido que cubrir varios gastos esenciales con ese dinero.”

Y otro más: “Yo siempre pensé que era innecesario tener reservas de dinero porque mi ingreso me alcanzaba hasta fin de mes hasta que éste se redujo. Ahora tengo un par de obligaciones sin pagar y no sé cómo resolverlo.”

Y así, sin esfuerzo y con coraje, siguieron revelándose más y más testimonios alrededor de la situación financiera personal o familiar, luego del parte de tranquilidad generado por los participantes al dejar claro que no eran “los únicos” experimentando desordenes e impases de dinero.

Inclusive, la conversación se hizo todavía más entretenida cuando Camila, una de las invitadas que ha estado aprendiendo sobre el manejo de finanzas personas, mencionó jocosamente que el día anterior había estado en el supermercado luego de varias semanas sin salir de casa y se sintió tan entusiasmada que compró víveres como si en su casa estuvieran “sus papás, sus tíos, diez primos y una docena de niños para alimentar”. Cabe aclarar que vive con su hermana y es felizmente soltera.

Sin perder el humor y la gracia, la charla entre amigos se convirtió en un espacio de auto-reflexión y choque de consciencia sobre la importancia de darle un adecuado manejo al dinero y no dar nada por sentado. Ser bueno con las cuentas no necesariamente implica tener la destreza para sortear los eventos inesperados y salir invicto y sin estragos cuando se presentan.

Ante lo sucedido y sabiendo que mi reserva para cubrir imprevistos si ha alcanzado para atender gastos sorpresivos durante la actual coyuntura, opté por compartir con los invitados varias de las prácticas y hábitos que he incorporado a lo largo de la vida en lo que se refiere al manejo del dinero y las finanzas personales.

Lo primero que comenté es la bonita relación que he venido construyendo con el dinero desde niña; no basada en la tenencia y la acumulación como símbolos de riqueza, sino centrada en la organización, la constancia y el equilibrio. He aprendido a tomar decisiones “racionalmente emocionales” o viceversa, siempre en pro de lo que me conviene, a incorporar prácticas saludables y a crear un modo de pensar en función de la priorización, la planeación y la puesta en marcha.

Quienes me conocen y aquellos con quienes he tenido la oportunidad de compartir espacios de aprendizaje, han notado mi gusto y predilección por aprovechar los talentos y habilidades propias para conseguir lo que deseamos. Soy fiel creyente que el ahorro abre muchas más puertas que el mismo endeudamiento, solo es cuestión de fijarse unos buenos objetivos y trabajar con orientación y entusiasmo para hacerlos realidad.

¿Y qué es eso que hago continuamente para cuidar mis finanzas? A continuación, les contaré brevemente varias de las cosas que han sido, son y seguirán siendo clave para sacar el máximo provecho del dinero y lograr unas finanzas fructíferas que me han permitido estudiar, viajar, invertir, formar un hogar, llevar un estilo de vida cómodo, construir patrimonio, programar el retiro y prosperar día a día.

      • Guardo el dinero que sobra a fin de mes

        Si sobra algo de dinero al final de mes, lo guardo en un bolsillo que he llamado “excedentes” en vez de dejarlo como parte del saldo del mes que inicia para evitar gastos que no necesito. Ese dinero puede servir para acelerar el cumplimiento de una meta de ahorro vigente, abonar a capital a alguna deuda, aumentar la reserva para imprevistos o simplemente, aprovisionar un gasto pendiente por hacer.

      • Cuido las deudas que asumo

        Además de evitar endeudarme innecesariamente, procuro mantenerme en niveles razonablemente bajos y manejables (menos del 20% del ingreso mensual). Si bien es conveniente crear un excelente perfil crediticio y obtener beneficios tributarios gracias a las deudas, no vale la pena perder la calma con obligaciones que serán un desafío a la hora de mantenerlas impecables. Además, esa cuestión de estar pagando altos costos financieros no es lo mío, por eso, compro lo que puedo y gasto lo que tengo, es decir, en la medida de mis posibilidades reales. En mi parecer, no es algo aburrido o avaro; al contrario, creo que sería molesto, desgastaste y frustrante levantarse todos los días, sin pausa, a generar ingresos con la principal misión de pagar deudas.

      • Caza-descuentos siempre

        ¿Quién dijo que comprar algo en rebaja es solo para tacaños? Por el contrario, he aprendido a cuidar el dinero desde niña y eso implica, saber tomar decisiones estratégicas para aprovecharlo al máximo, ya sea en un mercado o en la compra de un inmueble; no importa. Tampoco tiene que ver con la cantidad de tiempo libre o el “desocupe” en el que me encuentre. Una persona puede estar ocupada las 24 horas del día, los siete días a la semana, como es mi caso con un par de hijos de 6 y 7 años, un gran esposo, un trabajo y emprendiendo un negocio, y con todo eso, tener el espacio para buscar y encontrar ofertas grandiosas. Todo se trata de optimizar el uso del dinero porque éste “no crece en los árboles”.

      • Preparo con anticipación los gastos futuros

        He adquirido el hábito provisionar gastos, es decir, de prepararme anticipadamente para asumir aquellos gastos altos que, por lo general, ocurren una o dos veces al año y así, evitar que afecten mi flujo de caja. Entre éstos están los seguros, la medicina prepagada y pólizas de salud, las matrículas de estudios y los impuestos. En mi caso, estos gastos comparten cosas en común: ninguno es incierto, implican una salida de dinero importante, son de carácter necesario u obligatorio; por lo tanto, he preferido ser precavida a estar haciendo “malabares financieros”, sumando a un lado y restando en otro.

      • Construir una reserva para imprevistos

        Empecé con esta rutina años atrás, cuando estaba empezando mi vida laboral y tenía en mente independizarme de la casa de mis papás. Sin embargo, esto no quiere decir que sea un hábito que sólo podamos adquirir a una edad temprana. Algo clave para mi ha sido definir clara y específicamente qué significa un imprevisto; con “nombre y apellido y disciplinadamente destinar una porción de mis ingresos periódicos a esta reserva (puede oscilar entre el 3% y el 10%). Además, los gastos inesperados son una de las principales caudas de incumplimiento de metas de ahorro y desordenes financieros porque, en el afán de atenderlos rápidamente, terminamos restando a un lado para sumar a otro.

      • Tener una meta de ahorro activa

        El hecho de tener un objetivo vigente me permite destinar una parte de mi ingreso mensual y mantengo activo el hábito de ahorrar. En mi opinión, cuando no existen compromisos en curso, aparecen muchos gastos de la nada y pareciera que los billetes tuvieran alas. Además, tener una meta en la mira, siempre genera motivación, compromiso y constancia; una gran combinación para hacer que las cosas pasen.

      • Invierto: sin poner los huevos en la misma canasta

        Desde joven he tenido la costumbre de tener varios “bolsillos” que generen algún dinero extra o al menos, preserven mi capital. Para mi, una buena opción son los Fondos de Inversión Colectiva (FIC) ya que existe una amplia gama de opciones para todos los gustos. Si no eres un inversionista experto y/o no tienen el tiempo de gestionar activamente tus portafolios de inversión, es mejor dejar en manos de profesionales el tema, dejarse asesorar y aguardar a que se cumplan las estrategias de inversión.

        Las inversiones también tienen su desafío y el principal de ellos, para mi, es no salir corriendo ante el primer asomo de resultados negativos. Por eso, es tan importante, conocer el nivel de riesgo que cada uno de nosotros está dispuesto a asumir, tener claridad sobre la meta que deseamos cumplir y entender muy bien la dinámica, condiciones y características del producto que estamos eligiendo.

      • No mezclo las alcancías de ahorro con el dinero para emergencias

        He aprendido a crear una “alcancía” individual para cada meta de ahorro y una bolsa aparte para para imprevistos, por razones simples. Primero, si junto todos los dineros en una misma bolsa, puedo correr el riesgo de pensar erróneamente que he alcanzado ambos objetivos (ahorro y reserva de imprevistos), por un simple efecto distorsionado de abundancia. La segunda y quizás la más importante, es que ante la ocurrencia de un evento inesperado que implicara gasto, podría estar utilizando parte o todo el dinero correspondiente a las metas de ahorro y tendría que posponer o desistir de mis planes por falta de recursos.

      • Planear el futuro

        No hay manera de predecir el futuro con exactitud del 100%, no es posible ir a la tienda y comprar “10 cajas de certeza”. Así que, un hábito que he desarrollado de tiempo atrás ha sido planear mi mesada para el futuro: llámese retiro, jubilación o la vida en el largo plazo. No es ciencia oculta ni conocimientos avanzados, simplemente es aversión al riesgo de no tener la capacidad de valerse por uno mismo en el futuro, llegar a depender de otros para salir adelante o solo tener lo mínimo para sobrevivir. ¿Cómo lo hago? Ahorrando e invirtiendo en variadas opciones, entre ellas, CDT, títulos de capitalización, fondos de inversión de mediano y largo plazo, Pensiones Voluntarias, Seguros con Ahorro Programado, inmuebles y opciones no tradicionales.

      • Las finanzas en pareja

        Definitivamente, el manejo de las finanzas en pareja puede resultar en triunfos asegurados o en un fracaso inminente.
        En mi caso, mi esposo y yo hemos creado una dinámica para el manejo del dinero del hogar que nos ha funcionado muy bien desde hace más de 10 años. Lo primero es la mentalidad: si ambas partes comparten los mismos ideales, propósitos y objetivos como familia, será muy fácil unir esfuerzos y lograr sinergias. Lo segundo es apertura y sinceridad: si cada cual mantiene sus finanzas “bajo llave” y no permite que el otro tenga conocimiento siquiera de su nivel aproximado de gastos e ingresos, será muy difícil construir las bases de las finanzas familiares porque no serán cimientos reales. En tercer lugar, no olvidar que existen metas personales y evitar llevarlas al último plano. De este modo, no supeditamos los logros individuales frente a los familiares porque ambos son igual de relevantes. Adicional, hablar abiertamente de la prioridad en la que se van a atender, algo así como: “Hoy por ti, mañana por mi”.

    A la hora de tomar decisiones de inversión, ahorro o gastos relevantes, lo hacemos en conjunto porque creemos en las bondades del genio colectivo. Además, dos cabezas (y dos corazones) piensan mejor que uno. También, procuramos provocar ideas positivas sobre el dinero en nuestros hijos y los acompañamos a que empiecen a construir una relación propia y genuina con el dinero; desmitificando mitos como “los niños son incapaces de comprender qué significa el dinero”.

    En resumen, podría describir nuestras finanzas familiares en pocas palabras: eficientes, claras, responsables, orientadas al logro, abiertas al diálogo y la construcción, con foco en la previsión y la planeación, conscientes y sin jerarquías.

    Para finalizar, espero que estas ideas y buenas prácticas que me han funcionado desencadenen nuevas ideas en ti, te permitan observar con una lupa más potente el manejo que le das hoy en día a tu dinero, sin recriminación y sentimiento de culpa, por el contrario, buscando provocar nuevos pensamientos y emociones que te permitan encontrar nuevas maneras sanas y saludables de relacionarte con el dinero.

    María Piedad Valero
    Directora y Fundadora de Aequam

4 comentarios en “Navegando una crisis con éxito: ¿Cómo logré que no destruyera mi bolsillo?

  1. En estos momentos de reflexión, es muy importante tener una orientación calificada de los aspectos de economía familiar y tu lo has logrado con lujo de detalles. Ahora a ponerlo en práctica, muchas gracias.

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