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Hay mucho más que una envoltura

Para muchos, ya sea de forma consciente o inconscientemente, la apariencia física está en el primer puesto de la lista de prioridades en la vida. Ahora no solo las mujeres pasan horas en salones de belleza y en el spa, en rituales sofisticados, las barberías se han convertido en un plan estupendo para muchos hombres quienes han descubierto que dedicarle tiempo al cuidado de su nuevo “look” se convierte en una agradable experiencia.

Y si hablamos de entrenamiento físico, las técnicas tradicionales como los aeróbicos y las clases de rumba están siendo desbancadas por nuevas propuestas de entrenamiento como son las exigentes sesiones de crossfit, los entrenamientos de intervalos de alta intensidad y de fuerza, y en particular, con un instructor personalizado que siga uno a uno los pasos que damos, a quien ahora llamamos coach de bienestar.

Y ni que hablar de la alimentación; nos estamos reinventando y eso implica preferir lo sano, lo saludable, lo orgánico-molecular, y claro, lo que garantice el cuidado del planeta. Todo esto en función de mejorar los hábitos de alimentación que, combinados con las arduas rutinas de ejercicio, se traduzcan en una adecuada apariencia física.

Ahora bien, cuidar la apariencia física sin duda también tiene que ver con los atuendos de vestir que elegimos. En la actualidad, estamos inmersos en una sociedad de consumo en la que muchos resultamos siendo presas fáciles del mercadeo y ahora, los criterios de compra no se enfocan en los productos en sí sino en lo que ellos representan, las experiencias que puedan llevar a vivir. Por ejemplo, al buscar un par de zapatos la cuestión no será encontrar aquellos que nos permitan recorrer una distancia promedio de 300 kilómetros durante su vida útil y bajo un estándar adecuado de comodidad, sino aquella opción que nos haga sentir como si estuviéramos caminando en los nubes, o si llevar una marca determinada en el talón (que no podemos ver con facilidad) nos hiciera percibir un salto importante en el nivel de confianza en nosotros mismos.

En este tema de la moda, se observa cómo  hemos migrado de una tendencia en la que primaba la calidad sobre el precio a otra como la “Fast Fashion” en la que prevalecía “estar a la moda” en todo momento, sin importar cuanto nos costara.  Y ahora, todo se reinventa y seguimos una nueva tendencia en la que prevalece el cuidado del planeta a través de la disminución de residuos que se generan en los procesos productivos, y el uso responsable de los recursos, la cual se conoce “Slow Fashion” o “Zero waste”. En todo caso, sea la tendencia que sea, muchos de nosotros no escatimamos en gastar en moda porque la prioridad sigue siendo cultivar una imagen impecable, vernos diferentes y marcar tendencia.

Hay carta abierta para la adquisición de bienes y servicios que prometan cualquier arreglo de imperfectos estéticos. Pero ¿qué tan dispuestos estamos a destinar parte de nuestro tiempo, esfuerzo y dinero para aprender cosas nuevas, como un idioma o un deporte, adoptar mejores pautas de alimentación, cuidar la salud e incluso balancear las finanzas personales?

Al final, de nada sirve que la envoltura sea impecable si el contenido que lleva dentro no es de la misma calidad. Hay una notable incongruencia entre lo que pensamos y hacemos, pues si nuestro interés es aumentar nuestro bienestar integral, estamos trabajando en optimizar una parte, y olvidamos que la otra existe.

¿Por qué seguimos gastando en la envoltura y no invertimos en el contenido?

Quizás muchos tengan el argumento que lo de “afuera” puede generar ingresos importantes, por eso es necesario cuidarlo y mantenerlo. Pero resulta que lo “de adentro” no solo puede generar ingresos importantes, también sostenibles y exponenciales en el tiempo. Es un asunto de caer en cuenta de manera consciente que cuidar el intelecto puede hacernos más atractivos y llamativos, tanto por dentro como por fuera. Quizás habrán notado que luego de aprender algo nuevo, nuestros los ojos brillan, caminamos más erguidos, las expresiones del rostro se suavizan, la piel luce tersa y hasta sonreímos con más frecuencia en respuesta a lo bien que nos sentimos.

Y hablando desde lo netamente material, ¿cómo podemos asegurarnos que siempre estaremos en la capacidad económica para adquirir los innumerables bienes y servicios de cuidado corporal a los que nos volvemos dependientes? ¿hemos pensando en algún momento que ocurre si no logramos contar con el dinero que permita mantener este nivel de vida? ¿Qué tan experto y preparado estas para armar una buena planeación de las finanzas personas y sacar el mayor provecho de ellas?

Vale la pena que se equilibre la balanza y destinemos tiempo, compromiso y dinero en las mismas proporciones, tanto para la envoltura como en el contenido; que sea un trabajo equitativo y balanceado.

María Piedad Valero

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