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El poder de elegir

Y ella estaba allí, parada al frente de tal cantidad de colores, olores, texturas y sabores que se sentía simplemente abrumada. Veía muchos ojos mirándola y escuchaba el susurro de varias voces pidiéndole que se apresurara, sentía angustia y notaba como su respiración y el ritmo de su corazón se aceleraban. Para muchos, era una simple respuesta, para ella, una decisión compleja que le angustiaba tomar porque presentía que iba a despertar curiosidad y crítica en los demás y por supuesto, también sentía miedo a fallar.

Así que, ante su afán por salir de esa situación tensionante, optó por escoger lo mismo de siempre. Al cabo de unos instantes, cuando tuvo el helado entre sus manos sintió alivio por haber finalizado esa escena, pero a la vez, una profunda frustración por no haber sido capaz de cumplir eso que tantas veces se había prometido: “arriesgarse” a pedir algo inusual que soñaba con experimentar.

Y así como le pasó a Florencia, también le ocurre a un gran número de personas. Ante la necesidad de tomar una decisión o elegir algo entre varias opciones, surge ese personaje fantástico que aparece de la nada, en cuestión de segundos resuelve la situación, claro está que es a su manera y luego, desaparece. Lo más entretenido de él es que siempre está ahí, listo y disponible para hacerse cargo y tomar control.

Ese peculiar personaje es el famoso “Piloto Automático” que todos llevamos dentro.

Cuando nos enfrentamos a una situación que ya hemos resuelto en el pasado, el cerebro plantea de entrada dos grandes opciones: usar el mismo camino o surco que utilizó anteriormente, o retarse a probar algo nuevo sin tener certeza sobre el resultado que se obtendrá. De esta segunda opción se desprenden muchísimos caminos y he ahí el gran alimento para el cerebro.

Seguro que existen muchas situaciones en las que actuar en “piloto automático” es efectivo, eficiente y eficaz, y puede permitir que el cerebro destine su energía y poder a otras tareas. La cuestión está en no recurrir al mismo surco neuronal una y otra vez, y evitarle trabajo a la mente. Por supuesto, es de gran ayuda ese piloto cuando se trata de actividades que repetimos de forma recurrente como lo es respirar, caminar, nadar o manejar y, a consecuencia de la destreza desarrollada, no se requiere de un altísimo nivel de consciencia. Son esas tareas que, como dicen por ahí, “hacemos hasta con los ojos cerrados”.

Y ¿qué tan conveniente sería delegar en el Señor Piloto todas y cada una de las elecciones del día a día?

A continuación, encontrarás una serie de situaciones que implican aprovechar el poder de la elección en toda su magnitud

    • El estilo de vida que llevas.

El deporte, la alimentación, la salud, el sueño, la diversión, el descanso y demás elementos que pueden componen el estilo de vida son el resultado de elecciones personales. Sin embargo, muchas veces olvidamos que cada uno de nosotros puede elegir qué si desea y qué no, lo cual nos dirige a vivir de acuerdo con estándares creados por el mundo que nos rodea, y en últimas, no son otra cosa que elecciones que otros han hecho previamente por y para nosotros.

    • La profesión u ocupación a la que te dedicas.

Muchos han estudiado lo que sus padres o su entorno ha exigido y cuando ya son profesionales descubren que uno de sus grandes fracasos en la vida fue su carrera. Y si es que la ejercen, lo hacen sin plena satisfacción. Al final, terminan haciendo elecciones “a medias”, provocadas por el afán y el cansancio ocasionado por una lucha larga.

    • Tu situación financiera y económica.

Por ejemplo, cada cual elige si gasta más de lo que tiene; si planea o no con anticipación sus metas de ahorro para el logro de sus objetivos; si se esclaviza por años pagando deudas o mejor invierte para el futuro. El ámbito financiero es probablemente uno de los más exigentes en la vida de cualquier persona pues se enfrenta a muchos estímulos externos e internos, que ponen en riesgo el bolsillo. Por eso, ser consciente que el poder de la elección si existe y además usarlo permanentemente, ayuda a tener mayor criterio y tomar mejores decisiones.

    • Tus pensamientos

Muchos de nuestros pensamientos son creencias que hemos incorporado a lo largo de nuestras vidas y las hemos convertido en verdades absolutas, irrefutables e inmodificables, que probablemente no sean del todo ciertas o reales. Surgen del entorno, la familia, los amigos, los medios y hasta de nuestro diálogo personal. La cuestión es que somos nosotros quienes elegimos que aceptamos y que descartamos, es decir, son filtros subjetivos los que nos permiten quedarnos con ideas útiles y ganadoras, y rechazar lo que limita y entorpece. Pero de nuevo, todo gira en torno a lo que elijamos guardar en la mente.

    • Las emociones

Sentir ira cuando encuentras que tu vecino ha dejado su carro en tu estacionamiento por error, tristeza cuando has discutido con tu mejor amigo, miedo cuando ves una película de terror o alegría cuando despiertas y descubres que es domingo y no lunes es algo común para muchas personas. ¿Podrías sentir algo distinto a furia ante la confusión de tu vecino? ¿o podrías remplazar el miedo por tristeza viendo la película de horror? La respuesta es simple: si, si es posible y todo gira en torno a la elección que hagas.  Muchas veces nos enfadamos instantáneamente porque se trata de una respuesta automática y se debe a que ha sido la respuesta elegida en el pasado para resolver una situación similar a la que estás experimentando en ese instante. Lo mismo ocurre con todos los sentimientos, primarios y secundarios.

En fin, la lista de las cosas que se eligen a diario es interminable y por eso mismo, vale la pena disfrutar en pleno de esa capacidad de elegir, entendiéndola como una actividad más; sin restricciones, limitaciones o ataduras. Quizás en ocasiones sea un poco más compleja la tarea, pero siempre se puede hacer.

Un truco que a mi me funciona de maravilla es plantear más de dos caminos siempre antes de tomar una decisión y ser consciente que sólo de mi depende que tan amplio sea el abanico de opciones. Por ejemplo, nos acostumbramos que 4 es el resultado de 2+2, y en realidad, esa es una de tantas posibles opciones de llegar a 4, pero que sea el camino más usado no implica que sea el mejor. Así que, te invito a que evites al máximo moverte entre dilemas y dicotomías y sácale el máximo provecho al maravilloso “poder de la elección”.

 

María Piedad Valero
Directora y Fundadora de Aequam

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