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4 Mitos que están evitando que los padres eduquen financieramente a sus hijos

Atender asuntos financieros es algo que experimentamos a diario; desde cosas simples como comprar el café en las mañanas, decidir si usamos el carro o la bicicleta; o cuestiones más complejas como elegir la forma de financiación que elegiremos para adquirir vivienda propia.

Para muchos, atender asuntos de dinero es algo que ocurre a diario; desde cosas simples como decidir si usamos el carro o la bicicleta, si preparamos desayuno o comemos fuera de casa, o cosas más complejas como revisar la evolución de nuestras inversiones.

Es algo tan frecuente y común en nuestro día a día, que muchas de esas decisiones las tomamos de forma inconsciente pues se trata de situaciones recurrentes, que hemos atendido una y otra vez en el pasado y ahora nos sentimos cómodos siguiendo la misma ruta que en algún momento establecimos para resolverlas; con un componente adicional y es la altísima certeza de llegar al mismo resultado.

¿Y cómo serían las cosas si nos hubiesen entrenado desde niños a manejar nuestro dinero y tomar buenas decisiones estando 100% conscientes en cada momento?  Posiblemente nuestro día a día sería otro.

Sin embargo, para muchos padres, tratar temas de dinero con los niños y enseñarles a manejar las cuentas adecuadamente es algo que no ocurrirá, al menos hasta que cumplan la mayoría de edad y se conviertan en personas hechas y derechas, responsables y capaces de abordar conversaciones de ese nivel, mal llamado “sofisticado”.

También existe la creencia, especialmente en personas de la generación X y los Baby Boomers, que conversar acerca de dinero con sus hijos, a una temprana edad es perjudicial, no solo para los pequeños sino para el hogar, pues pone en riesgo la liquidez y solvencia familiar.

A continuación, conoceremos 4 ideas muy comunes que vale la pena desmitificar con la finalidad para promover la alfabetización financiera en niños y jóvenes desde el hogar, con la seguridad que lo último que causaran es una crisis familiar.

  1.  “No tengo dinero para gastar en esas cosas”

Enseñarle a un niño a darle un buen uso al dinero no parte de entregarle dinero de la nada; primero es necesario enseñarle a ganarlo correctamente.

Si bien el contacto con billetes, monedas y otros medios de pago es necesario en algún punto del proceso de aprendizaje, debemos iniciar inculcando en ellos la idea que el dinero es ese vehículo que nos llevará al destino que fijemos; es decir, se trata de un medio más no el fin último, y se debe trabajar para conseguir el mejor vehículo posible. Y hasta ahí no hemos puesto ni $1 centavo.

Asimismo, es fundamental enseñarles que el dinero se recibe como producto de una transacción; del intercambio de una cosa por otra. Por ejemplo, un niño puede descubrir que la suma de “su tiempo” y “su talento” pueden servir para hacerse cargo de labores que corresponden a sus padres, pero debido a la escasez de tiempo, ellos no pueden realizar.

No se trata de pagarles por cumplir con tareas y deberes que tienen en el hogar, se trata es de enseñarles que su tiempo vale y que, junto con su trabajo, pueden atender necesidades de otros y por esto, recibirán una retribución.

Otra forma de darles dinero sin afectar la liquidez del hogar es tomar el monto mensual que se destina del ingreso familiar para dulces y golosinas del niño y entregársela para que sea él quien lo administre y se haga cargo de esas compras. Será labor de los padres enseñarle a armar su presupuesto, guiarlo a través del ejemplo y generar en él la conciencia sobre la importancia de usarlo como corresponde. Si el niño gasta el dinero de todo el mes en un solo día y además se come todos los dulces, será una alerta para revisar qué puede estar fallando en el proceso de entrenamiento.

Importante que los papás eviten caer en la tentación de, ya sea por olvido o por razones emocionales, comprar esos productos en el mercado porque ahí si generarían un gasto doble.

  1.  “No tengo tiempo para enseñarle”

No es cuestión de destinar un par de horas al día para enseñarles conceptos y herramientas de manejo financiero a los niños; esta sería una ardua tarea, especialmente para familias en las que tanto papa como mamá tienen un trabajo de tiempo completo; además implicaría un proceso de formación exigente que demandaría mucho más que tiempo.

Pero seguramente, en algún momento del mes, los papás necesitarán comprar alimentos, ponerle gasolina al carro y pagar algún recibo. Esos son los espacios de aprendizaje que deben aprovechar para guiar y enseñarle a los hijos a manejar el dinero: desde la fila en el banco, el instante en la caja del supermercado, hasta la transacción a través de la App virtual del banco.

Funciona muy bien que el niño se haga cargo de estar atento de anotar los productos que se vayan agotando en el hogar y que prepare la lista para el mercado; esto le permitirá aprender de forma simple y vivencial la diferencia entre lo que se quiere (o se desea) y lo que se necesita, a no gastar más de lo que se tiene y a manejar un presupuesto.

La educación financiera no es algo que se pueda delegar actualmente a las instituciones educativas pues aun no hace parte del pensum obligatorio, así que estaremos cometiendo un error si pensamos que en la escuela este tema quedará cubierto.

Asimismo, las niños y jóvenes de las nuevas generaciones pasan muchas horas al día conectados a internet y a cientos de redes sociales, lo que les permite tener mucha información y así como puedan encontrar contenidos útiles también llegarán a aquellos que solo entorpecerán su formación. En todo caso, esos cientos de miles de conceptos, recomendaciones y herramientas han sido elaborados con el fin de atender necesidades comunes para muchos y por esto, no se ajustan completamente a la medida de las necesidades de cada persona, ni a la dinámica financiera del hogar; ampliando brechas de conocimiento y dejando inquietudes sin resolver. Es ahí cuando cobra mayor relevancia el acompañamiento de los padres.

  1.  “Que crezca un poco más”

La mayoría de los padres siempre considerarán a sus hijos como sus “niños”, sin importar la edad. Esta percepción de la realidad impide ver objetivamente las capacidades y destrezas de los niños y restringe la posibilidad de desarrollar en ellos nuevos aprendizajes desde pequeños. ¿Por qué muchos papás están dispuestos a pagar cursos de natación significativamente costosos a bebés que no han cumplido el primer año de edad y no están dispuestos a que aprendan técnicas de lectura rápida cuando están en la mitad de si primaria? Los vemos grandes para algunas cosas y muy pequeños para otras.

Con la educación financiera pasa algo particular y es que los padres tienden a pensar que el mejor momento de enseñarle a sus hijos a manejar su dinero es cuando se convierten en personas económicamente activas, cuando empiezan a devengar un salario y están en capacidad de iniciar la construcción de su patrimonio.

Sin embargo, muchos estudios han identificado que, a partir de los 6 años, los niños y niñas pueden comprender y asimilar conceptos básicos como el ahorro, el gasto, el valor de las cosas y la definición de objetivos.

Así que, es cuestión de comunicarnos a través de un lenguaje verbal y corporal sencillo, reforzar la teoría con la práctica y apoyarse en herramientas didácticas que promuevan la formación financiera en los niños. También puedes recurrir a profesionales expertos en la materia que desarrollen talleres y cursos para niños y jóvenes en esta materia.

  1.  “Yo no tengo claro cómo manejar mi dinero, así que no podré enseñarle”

Esta frase podría resultar muy familiar para muchos adultos y no es otra cosa que una excusa muy común para no hacerse cargo de algo que no anda bien y necesita atención oportuna. Su propio proceso de aprendizaje.

Podría confundirse también con una actitud proteccionista de los padres, quienes buscando lo mejor para sus hijos, eviten a toda costa que pasen por momentos difíciles o situaciones que pongan en riesgo su bienestar.

Sin embargo, hay que tener presente que los niños no sólo aprenden a través de las palabras; ellos son sorprendentemente ágiles absorbiendo información que captan a través de sus sentidos: lo que oyen, lo que ven, lo que sienten.

Así que, si la intención es enseñarle conceptos y herramientas útiles y acertadas, prestemos más atención a nuestro lenguaje corporal pues un gesto sutil de enojo en la fila de un banco podrá crear en el niño la idea que tener dinero causa problemas y malestar.

Tengamos en cuenta que, si nosotros no nos involucramos en la formación de valores, creencias y conductas en nuestros hijos desde una temprana edad, la vida se encargará de enseñarles, con una alta probabilidad que no todo resulte provecho para ellos más adelante.

Al ser los primeros mentores de nuestros hijos, nos conviene ser más conscientes de las ideas que expresamos en frente de los niños, nuestros comportamientos y reacciones.

Por esto mismo, vale la pena trabajar en nosotros mismos para cerrar cualquier brecha de conocimiento o ajustar algún hábito desfavorable. Nunca es demasiado tarde o muy pronto para hacer un alto en el camino y hacer ajustes en aquello que no funciona del todo bien.

Así como estos, hay miles de mitos entorno a promover e incentivar la educación financiera y el emprendimiento en los niños; lo importante es cuestionarnos acerca de lo que realmente resulta conveniente para nuestros hijos ahora y en el futuro y comprometernos a apoyarlos en su formación como personas excelentes, constantes y exitosas.

Maria Piedad Valero O.

Directora Aequam

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